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Gone Girl, basada en el célebre best seller de Gillian Flynn, se trata de una de sus películas mejor construidas e incluso una de las más complejas, y eso dentro de su filmografía como director, con títulos como Seven, Fight Club o incluso Zodiac, es mucho para decir.
El punto de partida del film, comienza con la desaparición de Amy, el personaje interpretado por la increíble Rosamund Pike y el inicio de la búsqueda por parte de su esposo Nick, brillantemente interpretado por Ben Affleck. A partir de este punto, y en caso de que el espectador no haya leído la novela, es recomendable no saber más nada sobre el argumento antes de entrar a la sala.
Desde su veloz y directo inicio hasta su final, Gone Girl presenta un argumento tramposo donde nada es lo que parece, con constantes giros y cambios perfectamente construidos que nos hacen preguntar constantemente quien es realmente la victima dentro de la situación, y por otro lado quien es el victimario, sobre los cimientos de un magistral guión escrito por la propia Flynn.

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Lejos de caer en los giros y las características típicas de los policiales y las historias de desaparición,Gone Girl enfoca la acción desde un punto de vista diferente. De una forma novedosa realiza un ácido estudio sobre la responsabilidad de los medios en la modelación de la opinión pública, y como la búsqueda de un culpable se convierte en un fenómeno mediático de masas, en un reality show como los que podemos ver todos los días en el prime time televisivo.
Sin embargo, en Gone Girl no solo se hace una crítica a la acción de los medios de comunicación, sería injusto reducirla a eso. Fincher, desde su particular punto de vista y sus habituales elementos estéticos hace también una oscura y siniestra mirada a las relaciones de pareja, al matrimonio como institución y a la convivencia, personificada en los protagonistas y en los flashbacks a lo largo de todo el argumento, que nos sirven de guía sobre la relación que Amy y Nick tienen.
Si bien la labor de Affleck en el papel de ese esposo que todo el tiempo se encuentra superado por la situación es creíble y angustiante, es Rosamund Pike quien se devora toda la película, haciendo de Amy, un personaje que con los años alcanzará un status de Icono semejante al de personajes interpretados por Kathy Bates, Glenn Close, o incluso Kathleen Turner.
Punto aparte merece el soundtrack orquestado por nada más ni nada menos que Trent Reznor (ya un habitual en el cine de Fincher con las bandas sonoras de Girl With the Dragon Tattoo y Social Network), caracterizada por un minimalismo cargante que se vuelve primordial en la creación de la siniestra atmósfera que envuelve la película junto con la ya característica fotografía en las películas del director, a cargo de Jeff Cronenweth.
Durante este 2014, no puedo hablar de muchos estrenos que hayan logrado que me levante de la butaca con la piel de gallina o que me hayan generado tímidas ganas de aplaudir en la oscuridad de la sala. Gone Girl fue una de ellas.
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